Ferran Adrià y los “intelectuales” críticos

Hace un año o así me invitaron a escribir un texto breve en relación a cómo el arte contemporáneo podía adaptarse a estos tiempos de crisis económica. Mi propuesta fue que dejaran de mirarse el ombligo y de creerse  que los gobernantes tenían algo así como una obligación moral a financiar sus experimentos elitistas, y los animaba a a ser como Ferran Adrià, buscando alternativas a la financiación pública. Huelga decir que nadie me hizo mucho caso.

Como se puede ver en este amplio reportaje que le dedica El País, Ferran Adrià es un auténtico genio, reiventándose de cero y con unas propuestas de lo más adecuadas para esta época. Sin embargo, muchos intelectuales de aquí le tienen ojeriza y están escribiendo todo tipo de artículos poniéndolo a parir. A los intelectuales se les supone que son personas críticas, que piensan por ellos mismos y no se dejan guiar por los prejuicios, pero después de haber leído unas cuantas pataletas descubro que todos los artículos están cortados por el mismo patrón:

1) No hay una investigación real sobre el personaje: sólo una simple ejercitación de prejuicios: así se insiste e insiste sobre cómo este señor se apodera de dinero público que podría utilizarse en “acciones sociales”, cuando tanto el restaurante elBulli primero como elBulli Foundation después se financian exclusivamente desde lo privado. Y, curiosamente, no parece indignarles lo más mínimo que se usen fondo públicos para patrocinar performances en las que hay más gente arriba en el escenario que entre el público -y buena parte de los del público están por cortesía, son los artistas que subirán después al escenario a hacer la próxima performance.

2) Se insiste en la cosa elitista de la comida de elBulli. Como si el arte contemporáneo actual fuera una cosa de masas. El día en que el MACBA tenga gente haciendo reservas para poder ir al cabo de dos años podremos hacer comparaciones.

3) Se insiste mucho en que “los españoles nos dejamos tomar el pelo”, “este señor engaña las instituciones”, etc. cuando lo cierto es que Adrià es tan conocido o más fuera de España que dentro.

En fin, no hay nada serio detrás de esas críticas. Sólo el penoso algoritmo del intelectual que podría resumirse así: “este señor es famoso y mediático, sale mucho en la tele, por lo tanto lo que hace no puede ser bueno. Como yo soy un intelectual tengo que criticarlo, aunque en realidad no sé nada de lo que hace realmente.”

Suerte que a Ferran Adrià este tipo de críticas le resbalan. A ver si un día en este país hay más Ferran Adriàs y menos “intelectuales” comprometidos.

 

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